Desde hace décadas, a las mujeres se les ha dicho que pueden lograr todo lo que se propongan: estudiar, trabajar, emprender, liderar equipos, formar una familia y perseguir sus sueños. Esta promesa de empoderamiento, aunque positiva en su esencia, a menudo viene acompañada de una expectativa implícita: la de hacerlo todo a la vez y sin fallar. La mujer moderna se encuentra en un rol multifacético, siendo trabajadora, madre, pareja, hija, amiga y cuidadora, asumiendo múltiples responsabilidades que, en conjunto, pueden resultar abrumadoras.
Importante: La capacidad de ser multifacética es una fortaleza, pero la exigencia de serlo siempre y perfectamente se convierte en una carga insostenible.